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Masa muscular en adultos mayores: fuerza para conservar su independencia

Dr. Mario Luis Balcázar Ganem9 min de lectura
Ilustración de una mujer que se levanta de una silla y un hombre que realiza remo con banda elástica
La fuerza se entrena con movimientos adaptados a la capacidad de cada persona.

Con los años puede costar más levantarse de una silla, subir escaleras, cargar las compras o recuperar el paso después de una enfermedad. A veces se atribuye todo a “la edad”, pero una parte importante tiene que ver con la fuerza y la función muscular. Cuidarlas ayuda a conservar movilidad y autonomía; no se trata de buscar músculos grandes ni de competir.

El envejecimiento no obliga a aceptar una pérdida inevitable de independencia. El músculo sigue respondiendo al estímulo en edades avanzadas, siempre que el ejercicio, la alimentación y la recuperación se adapten a la situación de la persona. Esta guía explica por qué importa y cómo empezar con prudencia.

Masa muscular, fuerza y función: no son lo mismo

La masa muscular es la cantidad de músculo. La fuerza es lo que ese músculo puede producir; la función física es cómo se traduce en acciones cotidianas, como caminar, mantener el equilibrio o levantarse.

El consenso europeo EWGSOP2 define la sarcopenia como una enfermedad muscular y coloca la fuerza baja como su característica principal. La cantidad o calidad muscular ayuda a confirmar el diagnóstico, y un rendimiento físico bajo señala mayor gravedad. En otras palabras: el número de una báscula o una imagen no cuenta toda la historia.

Lo importante es lo que le permite hacer

Dos personas con una cantidad parecida de músculo pueden tener fuerza y movilidad distintas. Por eso la valoración profesional puede incluir levantarse de una silla, velocidad de marcha, equilibrio, fuerza de agarre y, cuando hace falta, medición de masa muscular.

¿Por qué la fuerza protege la autonomía?

Los músculos participan cada vez que usted se incorpora, cambia de dirección, corrige un tropiezo o sostiene una articulación. Mantenerlos activos puede apoyar:

Esto no significa que el músculo evite por sí solo todas las caídas o garantice una recuperación. La visión debe ser amplia: fuerza, equilibrio, visión, medicamentos, calzado, entorno del hogar y enfermedades coexistentes también influyen.

¿Qué es la sarcopenia?

La sarcopenia es más que “estar delgado”. Puede aparecer con peso normal o incluso con exceso de grasa corporal. Suele relacionarse con envejecimiento, poca actividad, alimentación insuficiente, enfermedades crónicas o periodos de reposo; con frecuencia intervienen varios factores.

Conviene pedir una valoración si nota dificultad creciente para levantarse, caminar más lento, caídas, pérdida de peso no buscada o debilidad que avanza. Una pérdida rápida no debe atribuirse automáticamente a la edad: puede ser señal de un problema médico o nutricional que merece estudio.

El pilar principal: ejercicio de fuerza adaptado

La Organización Mundial de la Salud recomienda que los adultos mayores realicen actividades de fortalecimiento de los principales grupos musculares al menos dos días por semana. También recomienda actividad multicomponente que enfatice equilibrio funcional y fuerza tres o más días por semana para apoyar la capacidad física y prevenir caídas.

Son metas poblacionales, no una orden de empezar de golpe. Una persona sedentaria, con dolor, fragilidad o recuperación reciente puede necesitar un inicio más breve, asistido o supervisado.

1. Movimiento funcional

Sentarse y levantarse de una silla estable, con apoyo si se necesita.

2. Resistencia gradual

Bandas, peso corporal, máquinas o cargas que permitan técnica controlada.

3. Equilibrio seguro

Ejercicios cerca de un soporte firme y progresión según evaluación.

4. Recuperación

Días de descanso, sueño y ajuste si aparece dolor que no cede.

¿Cómo reconocer una intensidad razonable?

El esfuerzo debe sentirse retador sin perder postura, control ni respiración. Conviene poder completar el movimiento de forma estable y detenerse antes de que la técnica se deteriore. Cuando una tarea se vuelve cómoda durante varias sesiones, se puede progresar poco a poco con más resistencia, repeticiones o complejidad, no con todo a la vez.

Caminar, nadar o usar bicicleta aportan beneficios cardiovasculares, pero no sustituyen por completo al estímulo de fuerza. El programa más útil combina actividad aeróbica, fortalecimiento y equilibrio de acuerdo con las preferencias y limitaciones de la persona.

Proteína y alimentación: primero, una dieta suficiente

El músculo necesita energía y aminoácidos para mantenerse y responder al ejercicio. La guía ESPEN para personas mayores recomienda al menos 1 gramo de proteína por kilogramo de peso al día como referencia general, con cantidades ajustadas según actividad, estado nutricional, enfermedad y tolerancia.

No es una cifra universal para todos. Si existe enfermedad renal, hepática, desnutrición, dificultad para tragar, pérdida de peso o una enfermedad aguda, la cantidad y el tipo de alimento deben individualizarse con el equipo médico o de nutrición.

Idea prácticaEjemplos
Distribuir proteínaIncluir una fuente en las comidas principales, en vez de concentrarla toda al final del día.
Priorizar alimentosHuevo, pescado, pollo, lácteos, frijoles, lentejas, soya y otras opciones acordes con su salud y preferencias.
Cuidar la energía totalComer muy poco también dificulta conservar músculo, aunque se elijan alimentos con proteína.
Revisar barrerasProblemas dentales, poco apetito, estreñimiento, dificultad para comprar o preparar alimentos.

Los suplementos no son obligatorios ni reemplazan una alimentación completa. Pueden considerarse si no se logra cubrir la necesidad con comida o existe una indicación clínica, revisando interacciones, enfermedad renal y calidad del producto. Ningún polvo compensa la falta de estímulo muscular.

Cuándo conviene una valoración profesional

Una revisión es especialmente útil si hay caídas, miedo intenso a caer, uso reciente de bastón o andadera, debilidad de aparición rápida, pérdida de peso no buscada, dolor persistente o disminución clara de actividades.

Antes de iniciar o intensificar ejercicio, consulte si tiene cirugía o fractura reciente, enfermedad cardiaca o pulmonar inestable, desmayos, dolor de pecho, falta de aire desproporcionada, enfermedad neurológica, diabetes con complicaciones o una condición renal que afecte la alimentación. Durante el ejercicio, deténgase y busque atención si aparece dolor de pecho, desmayo, falta de aire intensa o un síntoma súbito preocupante.

El dolor no siempre significa daño, pero tampoco debe ignorarse

Una molestia muscular leve y transitoria puede ocurrir al comenzar. Dolor agudo, inflamación importante, inestabilidad o síntomas que empeoran y no se recuperan requieren ajustar el plan y valorar la causa.

Un comienzo realista

  1. Elija movimientos útiles: levantarse, empujar, jalar, elevar talones y cargar objetos ligeros con control.
  2. Use un apoyo estable: silla firme, barandal o supervisión cuando exista riesgo de caída.
  3. Empiece por una dosis tolerable: la constancia importa más que una sesión agotadora.
  4. Registre función, no solo peso: observe si mejora la facilidad para levantarse, caminar o hacer tareas habituales.
  5. Progrese una variable a la vez: resistencia, repeticiones, rango o dificultad.

Preguntas frecuentes

¿Es demasiado tarde para ganar fuerza después de los 70 años?

No. Los ensayos revisados muestran que el entrenamiento de resistencia puede mejorar fuerza y función en adultos mayores. La respuesta varía y el plan debe adaptarse al punto de partida.

¿Caminar es suficiente?

Caminar es valioso, pero no reemplaza por completo al trabajo de fuerza. Lo ideal es combinarlo con ejercicios de resistencia y equilibrio apropiados.

¿Necesito suplementos de proteína?

No necesariamente. Primero se revisan alimentos, apetito y distribución. Un suplemento se valora cuando la comida no alcanza o hay indicación clínica; no debe promocionarse como solución aislada.

¿Cómo sé si estoy perdiendo fuerza?

Puede notar más dificultad para levantarse, subir escaleras, caminar o cargar objetos habituales. Una valoración puede medir fuerza, marcha, equilibrio y, si corresponde, masa muscular.

¿La sarcopenia se diagnostica solo con una báscula?

No. El diagnóstico combina fuerza, cantidad o calidad muscular y rendimiento físico. La evaluación depende de las herramientas disponibles y la situación clínica.

¿La fuerza o el dolor están limitando su movilidad?

Una valoración ortopédica puede identificar barreras articulares y ayudar a coordinar un plan seguro con rehabilitación y nutrición cuando sea necesario.

Fuentes

  1. Cruz-Jentoft AJ, et al. Sarcopenia: revised European consensus on definition and diagnosis. Age and Ageing. 2019;48(1):16–31. doi:10.1093/ageing/afy169.
  2. World Health Organization. WHO guidelines on physical activity and sedentary behaviour. 2020. Documento oficial.
  3. Volkert D, et al. ESPEN practical guideline: Clinical nutrition and hydration in geriatrics. Clinical Nutrition. 2022;41(4):958–989. doi:10.1016/j.clnu.2022.01.024.
  4. Mañas A, et al. Unsupervised home-based resistance training for community-dwelling older adults: a systematic review and meta-analysis of randomized controlled trials. Ageing Research Reviews. 2021;69:101368. doi:10.1016/j.arr.2021.101368.

Revisión de evidencia: 10 de septiembre de 2026. Este contenido es educativo y no sustituye una valoración médica, de rehabilitación o nutricional individual.

Dr. Mario Luis Balcázar Ganem

Dr. Mario Luis Balcázar Ganem

Cirujano Ortopédico | Subespecialista en Cirugía Articular

Centro Médico Jurica, Querétaro

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